
Ahora mismo voy a comerme uno.
Experiencias con un huerto urbano. ¡Qué divertido es tener verduras a muchos metros del suelo!

Este fin de semana hemos recolectado la mejor lechuga de la temporada, hasta este momento. Hay otra aún en la tierra que va por muy buen camino. En las fotos podéis comprobar lo hermosa que era. Y digo era porque la mayor parte se halla ya en nuestros tubos digestivos. Por cierto, de sabor exquisito.
Pero también es cierto, y esto sólo puede entenderlo quien tiene un huerto por placer, no como medio de vida, que lo que uno ha cultivado es infinitamente más rico que lo comprado. Y esto es así, porque al saborear la lechuga estás disfrutando no sólo de su sabor, sino también saboreando la satisfacción de la meta conseguida y disfrutando del recuerdo de los ratos vividos durante su cultivo. Esto puede sonar a tontería, si no se ha disfrutado de la experiencia. A esta lechuga la vimos germinar y crecer día a día, le quitamos a mano los inteligentes gusanitos que sabían que estaba muy rica, la regamos casi a diario, la protegimos del viento, y más. En fin, que en esta lechuga había además de nutrientes y sabor, mucho tiempo y cariño.
El 18 de febrero recolectamos nuestra primera cosecha de nabizas. Fue todo un éxito. Vigorosas y sabrosas hojas que han servido para hacer un exquisito caldo gallego del que ha disfrutado toda la familia.

Este fin de semana hemos recogido nuestra primera cosecha del año. Un magnífico manojo de rábanos, que por cierto estaban buenísimos. Podéis ver algunas fotos de ellos.
Como a partir de ahora hay cada vez más luz, el huerto está creciendo que es una maravilla. Las nabizas están grandísimas, las acelgas crecen sin parar, las capuchinas va a empezar a echar flores, las lechugas pronto estarán para comérselas, etc.